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El HavanaWorldMusic & Black Tears by Vigía de este 2017 volvió a ser un viaje memorable que trascendió el Parque Almendares y la Fábrica de Arte para unir a La Habana, y al mundo, en una camaradería insuperable y única.

Allí se escuchó, lo mismo en inglés, francés, creole, español que árabe, una mezcla de géneros musicales pocas veces lograda y mágicamente hermosa. Entre cumbia, fandango, champeta, bullerengue, hip hop, dub, reggae, blues transilvano, afrobeat, kompa, merengue, jazz, folk’n-roll, música árabe-andaluz, canto de los Balcanes, rock habanero, salsa, trova, rumba, conga, bolero-cha se consiguió un conjuro cuyo efecto no fue otro que el de la alegría, el de lo interminable, de la imaginación y de vivir la música más allá del espacio físico.

A través de instrumentos, voces, colores y danza, más de 15 bandas y más de 100 artistas dotaron de magia a la ciudad y su gente. Se sazonó un ajiaco de diversidad, misticismo y  multiculturalidad en un festival que apartó cualquier distinción de raza, creencia, edad o sexo para cumplir con su propósito de romper barreras y unir, con ritmos y melodía, a los foráneos y los cubanos. Una oportunidad para divertirse de manera exclusiva y aprender de unos y de otros.

La Habana, como ninguna otra ciudad del planeta en esos días, puso a bailar a aproximadamente 10mil personas. A esta cuarta edición del Festival lo recibió una Cuba cambiante, exótica ante los ojos de los curiosos, un destino de moda, convertida en lugar estratégico y con una repercusión casi sin precedentes en su historia, pero, como siempre, con una predisposición especial para el arte y la cultura.

Lo dijo en entrevista, Índigo, cantante de la bien recibida, Systema Solar, durante el evento se dio “una energía ?tumba muralla?. Música que no se queda quieta ni se amilana por nada”. Ellos, junto a Dayme Arocena, Nomadic Massive y David Torrens fueron la combinación explosiva del viernes. Dayme va ganando más público dentro de la Isla cuando cada vez se le conoce más fuera de ella. Aquel día, acompañada por músicos de primer nivel, si algo regaló en su actuación, fue una auténtica cubanía.

Por su parte, con Systema Solar, se vivió un sentimiento latinoamericano, caribeño y enérgico casi excepcional. Mientras, en el otro escenario, La Trovuntivitis, Wesli y Lindigo, desde sus particularidades, reunían a la gente expectante y completaban el cartel de artistas de aquel día.

El sábado se vio un público multiplicado, quizás por ser fin de semana y porque, seguramente, para ese día, se había corrido la voz acerca del evento. De cualquier manera, volvieron a unirse vibraciones caribeñas, galas, europeas y orientales. Por allí estuvieron, La Flota, recordando canciones que hicieron historia en su momento y que ahora, con más años y experiencia pero con la misma juventud, se unían a cantar X Alfonso y David Blanco junto a Yissy García, en la batería y Ernesto Blanco, en otra guitarra.

Para el escenario Estrella Damm se reservaron a artistas de la relevancia de Vlada Tomova y Lady Moscow; así como, el humor y la buena música de los rumanos Nightlosers; hasta hacer estallar la euforia del público con la propuesta de Mexican Dubwiser. Para el final, se atesoró a los cabezas de cartel Madcon y Havana D´Primera. Sin dudas, con ambos, se vivió no solamente un concierto sino un espectáculo.

En paralelo, Sara Guirado improvisaba con sus caderas el baile que le proponían las bandas que acompañó. Noria, en sancos, le daba conga al público y la Tumba francesa,  tradición desde Guantánamo. Por otra parte, los jóvenes ganadores del concurso Primera Base, se estrenaban en un escenario, tanto en El Almendares como en FAC.

Estos intercambios artísticos, la sensación de ser una fiesta para todos, de las raíces, un festival Para Mestizar, obedece al público y a todo el equipo que lo hizo posible, desde la idea hasta la concreción.

Para la edición de 2018 habrá que pensarse otro hastag que defina el festival, hasta entonces seguirá siendo #unFestivalÚnico, del mundo y para el mundo.

 

Por Jennifer Veliz Gutierrez

 

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